Al día siguiente, luego de despertarme y ducharme, baje a desayunar al
comedor. Donde vi a Rose, sentada. Me senté junto a ella.
- Anggie, te lo digo, estaban ahí, yo los vi, ¡tu los viste! – decía mi
amiga sobre algo que yo no recordaba.
- Rose, ¿no lo soñaste? Yo no recuerdo nada –
- que no, si estaban ahí – dijo ella algo desesperada.
No recordaba nada, solo haber hablado con Tom.
- no lo se Rose –
- íbamos al bosque – me dijo – y los vimos, corrimos hasta acá donde nos
pillo la coordinadora y subimos a las habitaciones, te deje sola con… -
- hola chicas –
- Tom – dije mirándolo frente a nosotras.
- Anggie – dijo el - ¿Qué tal Rose? –
- tengo que irme – dijo ella.
Se levanto y salió corriendo de ahí.
- ¿que tiene? – me pregunto Tom sentándose frente a mi.
- no lo se, esta muy extraña hoy, dice que anoche vio robots en el bosque –
- ¿de verdad? –
- si, también dice que yo estaba con ella, pero no recuerdo nada –
El me miraba fijamente mientras hablaba. Lo mire y la cafetería quedo
repentinamente a oscuras. Las luces parpadearon y se apagaron de nuevo.
- vamos – me dijo.
Tomo mi mano y salimos al estacionamiento.
- ¿que fue eso? –
- fue extraño ¿no? – Me dijo – quédate aquí.
Camino lejos de mi encontrándose con un chico de cabello negro igual que
el, pero con rastas y maquillaje.
No había nadie en ese estacionamiento, solo ellos y yo.
Tom camino junto a el hacia el bosque adentrándose. Se oyó un crujido y un
árbol, que salió desde el bosque, voló, literalmente por los cielos cayendo en
un BMW, el auto de Yurgen. Me sorprendí, di dos pasos atrás y Tom apareció
junto a mi, solo.
- ¿Qué demonios fue eso? – dije impresionada viendo el auto destrozado.
- ¿una tormenta? – dijo el encogiéndose de hombros.
Lo mire y el tomo mi mano.
- ya no pienses en eso, vamos –
Entramos al edificio, que ya estaba iluminado de nuevo. Vi a Rose y Yurgen
hablando con Sara, y el chico de rastas. Y luego un poco mas alejado un chico
rubio, los miraba serio. Tom se le acerco un poco y le dijo algo. El se relajo.
- ¿Quién es? –
- solo un amigo – me dijo – tiene que relajarse, no podemos sufrir
descargas todo el tiempo –
- ¿ah? – dije sin entender. El rió.
- olvídalo – tomo mi mano de nuevo – vamos –
Subimos hasta el piso de las habitaciones.
- ¿tu compañera esta ahí? – me pregunto.
- no lo creo, se pasa el día en la biblioteca –
Entramos al dormitorio.
El me sujeto por la cintura y beso mi cuello. Me cargo llevándome hasta la
cama y fue quitando mi ropa.


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